26 de abril de 2018


Sentirse Merecedor



Sentirse digno es esencial para poder atraer aquello que se desea. Si no tienes la sensación de merecer algo, ¿por qué te lo va a enviar la energía divina que está en todas las cosas? Así pues, tienes que cambiar y saber que tú y la energía divina son una sola cosa. (Wayne Dyer).


A continuación te sugerimos algunas de las grandes actitudes y comportamientos que puedes incorporar a tu conciencia para facilitar la receptividad y el crecimiento de tus sentimientos de merecimiento. UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR Y ATRAER DESDE LA FUENTE DIVINA.

1.- La palabra «inspiración» significa literalmente «estar
infundido de espíritu», o en el espíritu. Practica hacer aquello que te guste, y procura que te guste lo que haces cada día,¡Inspirate! Si vas a hacer algo, concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad. Tu lema aquí será: «Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta”.

2.- Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de pesimismo, negatividad, juicio, quejas, resentimiento y crítica destructiva. Sustitúyelos con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay en él. Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder hacia hábitos de pesimismo, recuerda que esa es la energía que estás enviando al mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te devolverá lo que deseas.

3.- Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de no merecer el ser beneficiario de la abundancia del universo. Lee literatura espiritual y poesía, y escucha música clásica suave siempre que te sea posible.



4.- Procura rodearte en la medida de lo posible de cosas bellas. Práctica la amabilidad para contigo mismo y para con los demás, con toda la frecuencia que te sea posible. Abandona tu necesidad de tener razón y de ganar; en vez de eso, sé amable, y pronto conocerás la bendición de la paz interior. Al practicar la amabilidad, la paz aparece inmediatamente. Al estar en paz contigo mismo y con tu mundo, sabes que eres un digno receptor de todo lo que se cruza en tu camino. Ponte la meta de ser cada día amable con los demás, al menos una vez, y extiende ese mismo privilegio hacia ti mismo, tanto como te sea posible. La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio no es más que un pensamiento que se transfiere a tu fisiología. Cuando tu yo físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado enfermo e infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la co-creación de una vida bienaventurada, te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.

5.- Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso, antes que enemistoso, busca el bien en la gente con la que te encuentres.  Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno, está lleno de gente mala. Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones de actos de amabilidad.

6.- Sitúa en la categoría de «lecciones» las heridas de tu vida. Deja de verte condicionado por esas heridas y de convertirlas en un brazalete identificativo Este universo funciona con la energía de la armonía y el equilibrio. Inspira para absorber esa energía y elimina de tu mente y tu corazón la idea de que eres una víctima. Toda vinculación con tus traumas crea una toxicidad  celular  en  tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma. Repítelo una y otra vez, hasta que quede bien grabado: «Soy lo que soy, y soy digno de la abundancia que hay en el universo, y de todo lo que hay en él, incluido yo mismo».
       
Te encuentras ahora en el camino de saber que eres merecedor de atraer y manifestar en tu mundo. Eres consciente de tu yo superior. Confías en ti mismo y en la sabiduría divina que te ha creado. Sabes que no estás separado de tu entorno, y que dentro de ti existe el poder para atraer.

10 de abril de 2018


Aceptación


Cerrar Capítulos

•Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida
 Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando

•¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?,   ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
•Puede pasarse algún tiempo de su presente “repasando” los “porqués”, rebobinando el casette para tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

•El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus   hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la   hoja, a terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.

•No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que su- cedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
•   No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
•No ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar pertenencias, cambiar de casa, tirar documentos, vender o regalar tus libros.



•Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
•Dejar ir, soltar, desprenderse.

•En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.
•No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
•Suelte el resentimiento, encender “su televisor personal” para darle y darle vueltas al asunto lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

•La vida está para seguir adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, “por si acaso”, nunca podrá desprenderse, ni vivir lo de hoy con satisfacción.
•Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron

•¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos.
Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
•Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en esa sintonía, en ese espacio, en esos hábitos, en esos conceptos, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue,     hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.

•Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.






•Es por salud esencial, por amor a usted mismo; desprender lo que ya no está en su vida.
•Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo ‘llegó’ sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.

•Es un proceso de aprender a desprenderse y  humanamente se puede lograr porque, le repito, !nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.
•Por eso .... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte.
•Hay tantas palabras para expresar esa salud esencial y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con confianza.
¡Esa es la vida!
 (Cerrar capítulos, Paulo Coelho).



                                  

3 de abril de 2018


La importancia de la consciencia



Cuando llegamos a este mundo lo hacemos perteneciendo en forma automática a un Grupo Social Primario, consistiendo este en nuestra Familia que se encargará de brindarnos los cuidados básicos sin los cuales nuestra supervivencia se vería imposibilitada, dándonos el Abrigo, Higiene y Alimentación necesaria, pero también tendrá la responsabilidad de Desarrollarnos y Formarnos como personas.

Es allí cuando entran en juego los Valores Morales que están fijados en dicha familia, dadas por la Educación que va más allá de la emisión y recepción de estímulos que desarrollan nuestras Facultades Cognitivas, sino que forman también el modo en el cual vemos al mundo y nos relacionamos con el mismo, siendo conocido muchas veces como los Valores Morales.
De ellos se desprende lo que es considerado como parte de la Conciencia, siendo ésta la for- ma particular en la que vemos no solo al Entorno o Medio que nos rodea, sino también la valoración que tenemos de nosotros mismos dentro  de él, ligada en muchos casos a la Voluntad si la consideramos como la forma en la que tendemos hacia Hacer el Bien.

Seguramente hemos oído más de una vez la expresión “Voz de la Conciencia” siendo referida a la sensación de malestar o la expresión de Remordimiento cuando estamos por hacer algo que es indebido (y que sabemos que estamos obrando mal) o bien ya lo hemos realizado, apareciendo la culpa o inclusive la vergüenza.
Por otro lado, también se habla de Conciencia como el estado en el cual tenemos pleno uso de nuestras Facultades Mentales y Físicas, pudiendo dirigir nuestros actos como también tenien- do conocimiento del entorno que nos rodea, recibiendo distintos Estímulos Externos y emi- tiendo respuestas o bien obteniendo Estímulos Internos.

En contraposición a esto último se toma a la Inconsciencia, donde entramos en un estado de sueño o letargo,  teniendo el cuerpo dormido  e imposibilitado de realizar acciones en forma voluntaria.