27 de julio de 2019

Consciencia del Espacio Interior.




En primer lugar, agradezco a Fundación Vida Consciente, que nos otorga este espacio, esta sala, para que con mucho amor, podamos unir nuestras energías de consciencia, engrandecer nuestras almas y elevarlas a un nivel mayor, donde la Luz fluya libremente por nuestro ser. Gracias a su Directiva, y a cada miembro y socio colaborador, que ha preparado esta sala, y luego, una vez terminado nuestro encuentro, dejan todo limpio y ordenado. Gracias a cada uno. Doy la bienvenida a aquellos que vienen por primera vez y a cada uno de ustedes por su presencia tan importante, porque la union… hace la paz… hace la creación de la vida… 

Quiero empezar citando unas frases de nuestro enlace… y si bien con los Esenios Originarios, del Centro de Conexión del Circulo Sanada estamos trabajando las letra Hebreas asociadas a los arcanos mayores del Tarot y los Trece Senderos del Dharma, lo que vamos a desarrollar hoy, tanto en el tema mismo de este Taller, como en la Meditación que le sigue y que culmina en practica lo aquí desarrollado, viene pero muy bien y es el centro de lo que estamos desarrollando bajo… para algunos La Ley de Causa Efecto, o para otros, para los ascendidos, las dinámicas del movimiento universal. Estas frases son…

“Es hora de que vuelvas a las directivas de tu ser interior en lugar de tratar de seguir las de los Universos.
Pasos que son tus pasos, no los de tu hermano, tus amigos o los gurúes por la calle”. 




La conciencia del espacio interior y quién eres en tu esencia son una y la misma. En otras palabras, la forma de las cosas pequeñas deja cabida para el espacio interior. Y es desde el espacio interior, la propia conciencia no condicionada, esa verdadera felicidad, que emana la alegría de Ser. Sin embargo, para percibir las cosas pequeñas, tranquilas, necesitas estar sereno en tu interior. Se necesita un alto grado de alerta y a la vez quietud. Silencio y a la vez palabra… pero no de la mente… del alma… palabra sin palabra alguna… verbo, vibración… emoción… Quédate quieto. Observa. Escucha. Estáte presente.   

Esta es otra forma de encontrar el espacio interior: ser consciente de ser consciente. Di o piensa “Yo Soy” y no le añadas nada a ello. Percibe la quietud que sigue al Yo Soy. Siente tu presencia, el ser desnudo, develado, desvestido. No ha sido tocado por lo joven o viejo, rico o pobre, bueno o malo o cualquier otro atributo o condición externa. Es la matriz espaciosa de toda creación, de toda forma. 

Condicionados por el Pasado: el Karma y la Conciencia

La voz en la cabeza tiene una vida propia. La mayoría de las personas están a merced de esa voz; ellos están poseídos por el pensamiento, por la mente. Y como la mente está condicionada por el pasado,  estamos entonces forzados a volver a revivir el pasado una y otra vez de cualquier manera. Puede resultar algo martirizante, que priva del presente y por tanto, de la vida que fluye aquí ahora.

El término utilizado en el Oriente para esto es karma. Cuando nos identificamos con esa voz, no lo sabemos por supuesto. Si lo supiésemos, ya no podría poseernos porque  solo estamos verdaderamente poseídos cuando confundimos la entidad mental que  posee el pensamiento y lo altera, con quienes nosotros somos realmente.




Durante miles de años la humanidad ha incrementado esta posesión mental, ignorando que la entidad posesora ‘no es el yo’. A lo largo de una total identificación con la mente, apareció un falso sentido del yo – el ego. La densidad del ego depende del grado en el cual – la conciencia – se identifica con su mente, con su pensamiento. El pensamiento no es más que un pequeño aspecto de la totalidad de la conciencia, la totalidad de quienes verdaderamente somos. La mente interpreta lo que verdaderamente somos dependiendo de las zonas de sombra o miedos, las cuales haya sido desarrolladas. Se busca afuera las respuestas que llevamos dentro. La ilusión, es la tendencia de la mente a creer que la vida es lo que ocurre afuera de nosotros mismos y de la cual no tenemos ninguna injerencia, eliminando la fuerza creadora e integradora que se desarrolla en forma natura, en los seres de interioridad definida y consciente.

El grado de identificación con la mente varía de una persona a otra. Algunas personas disfrutan de la libertad de su mente durante algunos períodos, aunque breves, y la paz, la alegría y la vivacidad que experimentan en esos momentos hacen que la vida merezca la pena. Estos también son los momentos en los cuales surgen la creatividad, el amor y la compasión.  

Otros están atrapados constantemente en el estado egoíco corporal o inferior. Están alienados fuera de sí mismos, y así es como ven y juzgan de los demás y del mundo que los rodea. Cuando ustedes los ven, pueden ver la tensión en sus caras, quizás el ceño fruncido, o una expresión ausente en sus ojos. La mayor parte de la atención de ellos está absorta en el pensamiento. No están presentes en ninguna situación, porque su atención está en el pasado o en el futuro, lo cual por supuesto existe solo en la mente como formas de pensamiento de desesperanza, sombra y miedo profundo.  

Se busca afuera las respuestas que llevamos dentro…
Dentro no llevamos respuestas, llevamos sabiduría divina. El espacio Interior no solo es sabiduría divina, sino que es la misma llama divina en nosotros y en cada ser…

*La personalidad humana es una estructura muy compleja. En los upanishads se la describe como compuesta de cinco vainas. Estas vainas no son como cajas vacías o como los pisos de un edificio; cada vaina está llena de conciencia y es un ser en sí misma. Cada uno de estos seres-vaina tiene su propia y única vida y sus propias leyes de desarrollo. Cada una de ellas depende de un universo especial. El alimento viene del universo físico; la energía psíquica viene del Prana cósmico; el conocimiento viene de la mente cósmica; la consciencia del ser individual es un reflejo del Paramatman (el Ser universal) y la dicha del ser proviene de la dicha de Brahman. Cada uno de estos cinco seres pueden funcionar debidamente únicamente si se abren plenamente al nivel correspondiente de la Vida universal y por la renovación constante de este Contacto Interno.

Cuando este contacto o proceso de renovación es defectuoso, el ser se separa de la Vida universal y permanece sin desarrollarse. Sobreviene entonces el Karma. Esto es lo que sucede cuando llevamos una vida ignorante e inconsciente.

Para lograr el pleno desarrollo de cada vaina-ser y el crecimiento total de toda la personalidad, es preciso que cada vaina se abra plenamente a la Vida universal. Para esto es indispensable penetrar en cada vaina, comprender su funcionamiento, quitar sus efectos, purificarla, desarrollar sus poderes y abrirla de par en par a la Vida universal. Ahora bien, ¿es posible hacer esto?

El acto de penetrar y abrir cada espacio interior no pertenece a acciones físicas, sino a un movimiento álmico consciencial. Pero hay un llamado desde el Ser Interior que no todos pueden oír, dependiendo de su nivel de consciencia. Ese llamado a descubrir la naturaleza esencial del Ser proviene de dónde emerge ella vida misma manifestada en el cuerpo físico, del espíritu. Todo ser viviente depende de la Vida universal para su sustento y puede mantener su individualidad únicamente mediante la constante renovación de este contacto. Renovación significa intercambio. Para llenarnos debemos vaciarnos previamente.



Es mediante la expansión de la conciencia que nosotros nos ponemos en contacto con el espacio interior y nos reconocemos en él, nos desplazamos en el, comenzamos a vivir, a pensar, a sentir dentro de él. A sentir su energía vivificante y nutriente. Nace la vida comprensiva y creativa. La comprensión profunda de las verdades que forman la existencia. Toda la sabiduría proviene del Interior, su voz, es el corazón. Pero para esto debemos primero descubrir el centro de nuestra consciencia, es decir, el punto en el cual el Atman se manifiesta, el punto de contacto entre el yiva (ser individual) y el Paramatman. ¿Qué es este centro? Es el corazón espiritual o intelecto superior (dhi). Es el hall común o el vestíbulo a través del cual nosotros entramos en las vainas. Una vez que esta puerta interior se ha abierto, una vez que el centro espiritual ha despertado, el próximo paso es expandir esa conciencia más elevada por todas las vainas.

¿Cómo hacer esto? Por medio de la meditación. Los sabios de la antigüedad desarrollaron elevadas formas de meditación por las cuales lograron una profunda comprensión de la naturaleza real del hombre y del mundo. Con la ayuda de estas técnicas, nosotros podemos hacer llegar la luz del Atman hasta los más escondidos pliegues y rincones de cada vaina, purificarlas y abrirlas a la Vida universal.



Cuando logramos trascender el ego y poner bajo control a las distintas partes de la personalidad, bajo el control del Atman, toda nuestra vida se convierte en una gozosa participación en la evolutiva creatividad de lo Divino. Esta participación en la Vida divina a través de una más elevada conciencia se llama yagña (sacrificio) y a través de ello el individuo halla su lugar en la armonía cósmica; comienza a comprender que la vida no es algo carente de sentido, vacía o ilusoria. Y realiza que toda vida está, evolucionando hacia niveles más elevados de conciencia, libertad y dicha.
El penetrar al Espacio Interior del Ser, se comprende que la vida humana es un canal para el fluir de la vida divina. Luego, la Consciencia del Espacio Interior mantiene este canal abierto, purificándolo y quitándole los obstáculos y elevando la mente. Nace entonces el pensamiento elevado, creador y generador, totalmente alineado con la mente universal o consciencia cósmica la cual ordena la materia en sus diferentes estados y reinos manifestados. Todos los procesos de la vida y la existencia comienzan a ser comprendidos en profundidad. Se comprende que la muerte no existe y por tanto, los miedos se disipan. La vida comienza a ser vista desde desde la union universal por sobre la dualidad y la individualidad. Se ha alcanzado el primer nivel de automaestria: LA INTEGRACIÓN.




Sus principios son tres: la divinidad de la vida, la ley de Causa y Efecto y los niveles de conciencia.
Cuando aceptamos la divinidad de toda la vida, toda nuestra actitud hacia la vida cambia. Ante todo realizamos que es intensamente real y no una ilusión, porque la ilusión no puede provenir de la realidad. El camino positivo hacia la Verdad última, no es desde la ilusión a la realidad, si no de realidades menores a la más elevada Realidad.

En segundo término realizamos que toda vida es una. Por debajo de la aparente diversidad, y condición, corre la corriente de la Vida universal percibimos que toda actividad física y mental son solamente olas de la corriente primordial. Cuando comprendemos esto, lo sagrado y lo secular, trabajo y meditación y otras polaridades de la vida consiguen armonizarse.

En tercer lugar, realizamos que la naturaleza esencial el de la vida es el bien. El propósito fundamental de la vida sostener a los seres humanos y conducirlos a la más alta perfección a través de una serie de estados. Lo que aparece como mal es sólo la manifestación del bien esencial de la vida a un nivel inferior, un ajuste necesario en la total economía de la Vida universal.

Todo el mundo quiere ser feliz pero pocos comprenden que la felicidad es inseparable de la conciencia. La vida de una persona limitada a los niveles físico y mental es incompleta y lo mismo es su felicidad. Para el pleno desarrollo de la personalidad y una más elevada felicidad, debemos trascender o transformar esa limitada conciencia.

Después de aceptar la realidad de la vida y haber comprendido su naturaleza real, debemos tratar de ubicarnos dentro de ella. Esto significa tres cosas: la autoaceptación, el vivir sin elegir y la orientación de una meta. ¿Qué se espera exactamente de nosotros en la meditación? Según la tradición Brahmanica, el proceso meditativo fundamental es el de fijar la conciencia en el Ser interno. Nosotros conocemos y experimentamos todo con la luz del Alma. En la vida común, esta luz es dirigida a lo exterior, apartada de su fuente. Meditación es un intento para fijar dicha luz en su fuente, en lo interior. Cualquier método que se emplee para hacer regresar la corriente de conciencia a su fuente debe ser considerado como una forma de meditación.

La evolución no es un asunto individual; es un movimiento cósmico. Todo el poder necesario para el progreso espiritual proviene de la Vida universal. Cuando a través de yagña nosotros nos abramos plenamente a la Vida, se producirán todos los cambios que necesitamos y aumentará nuestro impulso evolutivo.

Antes de intentar realizar la Realidad última debemos aceptar la verdad acerca de nosotros mismos. Deberemos comprender dónde estamos y cuál es nuestro propio sendero. Nunca encontraremos nuestro sendero mientras tratemos de ocultar nuestros defectos o nos sintamos desanimados a causa de ellos.

Lo que se nos aparece como defectos son sólo estados intermedios o procesos en la manifestación de la potencial divinidad del alma. Ellos tienen una función que cumplir en nuestra evolución espiritual. Pueden ser utilizados como combustible para encender el fuego del auto-sacrificio en el altar del corazón. Este fuego interior purifica nuestra mente nos capacita para hallar nuestro propio sendero hacia la Realidad.

No es suficiente que nos aceptemos; es necesario igualmente que aceptemos el mundo tal cual es. ¿Qué significa aceptar el mundo 'tal cual es'? Muchas personas sólo ven mal, desequilibrio y sufrimiento en la vida. Otros la ven como una mezcla de bien y mal. Los hombres con visión más profunda ven bien, amor y dicha como la principal corriente subyacente de la vida. No obstante, ellos aceptan el cambio y la impermanencia como atributos inevitables de la vida, por eso consideran cada nueva experiencia y situación como algo bueno, como una ayuda positiva para la elevación de la mente y sus dos espacios en los que se mueve, el cuerpo físico y el cuerpo emocional.

Antes de tratar de alcanzar armonía con el mundo exterior, deberemos descubrir el centro de armonía en corazón espiritual. La felicidad es inseparable de la conciencia y para alcanzar una más elevada felicidad y paz debemos lograr más elevados grados de conciencia.

La vida es un circuito cerrado, un equilibrio maravilloso de fuerzas. Cada acción tiene su reacción: lo que damos a la Vida universal vuelve a nosotros como karma o Dharma, fruto de la acción. 

Vida real es vida divina. Y la vida divina es una vida de armonía, de una más elevada conciencia y completa dicha del ser. Dios es la fuente de conciencia y dicha y todas las almas individuales se mueven en una espiral evolutiva hacia ese Divino Centro. Cuanto más cerrado sea nuestro movimiento hacia el Centro, más divina se volverá nuestra vida. Por supuesto no podemos alcanzar el Centro divino de un salto, porque la vida universal es un organismo total que sobrelleva una evolución graduada y nosotros no podemos saltar fuera de su espiral evolutiva.

Dicen los Sabios Brahmanes…
Todos los poderes del universo ya están en nosotros. Somos nosotros quienes hemos cubierto nuestros ojos y gritamos que todo es oscuridad. Sepan que no hay tal oscuridad alrededor nuestro; quiten las manos y verán la luz, que siempre estuvo desde el principio.

Como un pulpo, el ego extiende sus tentáculos de ignorancia para producir: apego en el cuerpo; enfermedad en el Prana; para producir odio y temor en la mente; ignorancia del ser en el corazón y pesar en la vaina de la dicha.

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